Infinita tristeza

Es el sample que brota, fresco y fiestero, entre dos temas del disco “Estación: Esperanza” de Manuchao. Por aquel entonces, acababa de terminar Moby Dick de Herman Melville, y necesitaba escuchar algo que me hiciera desembarcar del todo, después de meses en altamar, a través de un tocazo de páginas, entre cuáqueros y blasfemos, persiguiendo a la obsesión blanca del pesadillesco capitán Ahab.

tapa-bartleby.jpg

Después, y como quien no quiere la cosa, llegó a mis manos un texto de Enrique Vila-Matas titulado “Bartleby y compañía” que resultó ser un foco infeccioso de curiosidad literaria nada inofensivo. Entre otras cosas decía, había sido que, “Bartleby, el escribiente”, el personaje a que se refería el título, era también obra de Melville, quien solo había publicado libros entre 1846 y 1856, y después nunca más: silencio hasta su muerte, en 1891.

Ya en otras lecturas y en comentarios de los perros me había llegado que “Bartleby, el escribiente” era como un anticipo, con todas las letras, de la literatura del absurdo, yerba que Kafka no sabía que cultivaría más de cincuenta años después, en la oscuridad y el anonimato. Infectado, finalmente el rumor de la obra melvilliana se materializó en un ejemplar en mis manos, un puñado de ciento quince carillas, impresas en caracteres de buen tamaño.

Y a pesar, de las referencias previas, de la comodidad del sobreaviso, cuando en la madrugada del jueves pasado caí en la cuenta de que había dejado atrás el punto final de Bartleby, en el zumbido hueco que me dejó la lectura, sonó una vez más, pero desteñido y fatal, el sample de Manuchao: “Infinita tristeza”.

Porque, a pesar de la ironía de Melville, del humor doloroso, de la potencia de una pasividad inquietante (la del …dudo en llamarlo así, ¿protagonista? ¿columna de humo referencial? ¿pretexto evanescente?), la sensación es esa: un océano vacío a dos pulgadas debajo de lo usual, un bache de lo posible.

Otro punto subrayable: el acento, la fuerza subversiva que adquiere el verbo “preferir” en la narración da mucho que cuestionar, particularmente en una estructura social en que debemos (hay que) actuar de maneras ya preestablecidas, so pena de ser castigados si no accionamos como estamos obligados a hacerlo, incluso en el ejercicio de nuestros derechos, de manera tal que las cosas sigan funcionando igual, sin grietas, totalmente, y en un sentido único.

En fin, por demás está decirlo, resulta doloroso que mundos literarios catalogados de absurdos sean, hoy día, plenamente reconocibles como realidades por los lectores de lo que años atrás fuera ficción delirante. Lo peor es que justamente lo peor es lo que se cumple.
A estas páginas que se rehúsan remito al lector y lectora curiosos e inquietos.

1 comentario

Archivado bajo Reseñas de libros

Una Respuesta a Infinita tristeza

  1. moñai

    preferiría no comentar

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s