
Cómo los avances tecnológicos y el sistema capitalista nos convierten lentamente en robots, cuyas piezas, hoy en día, podemos mejorarlas o hasta cambiarlas
Escribe: Sergio Colmán Meixner
El tiempo
País: Corea del sur/ Japón
Dirigido y escrito por Kim Ki-duk
Año: 2006
Calificación: 4 yacarecitos y medio
En algún momento de El tiempo, la más reciente obra del Coreano Kim Ki-duk (Hierro 3; Primavera, verano, otoño, invierno…y primavera), a los protagonistas se los ve golpeando con mucha rabia un árbol grande y, por supuesto, viejo, expresando de esta manera un enojo hacia lo efímeros que somos, en comparación al árbol, que probablemente tiene mas de 300 años. Seguramente el árbol envejecerá, pero nosotros lo hacemos con tanta rapidez, que llegamos a sentir que nos ha faltado tiempo para vivir lo suficiente.
Este paso del tiempo, en muchos casos, queremos frenarlo o disimularlo a través de nuestra apariencia, recurriendo a dietas y productos de bellezas hasta llegar a los extremos de hacernos una cirugía. Reacción que refleja tanto cómo los avances tecnológicos y el sistema capitalista nos convierten lentamente en robots, cuyas piezas, hoy en día, podemos mejorarlas o hasta cambiarlas, y no es en vano que en nuestro medio se apliquen terminologías como “tuneada” para designar a cierta chica que se puso o sacó, visita al quirófano mediante, como si fuera un auto que acabara de hacerse chapería.
Partiendo de estos temas, la película gira en torno a Seh-haa, una mujer que tiene ataques de celos cada vez que su novio Jim-woo habla o se acerca a otra mujer. Llevando su crisis e inseguridad al extremo, ésta reacciona violentamente ante estos hechos sin disimular, avergonzando así a Jim-woo quien, por su parte, reacciona con una increíble calma. Así, un día Seh-haa decide cambiarse el rostro, desapareciendo 6 meses para reaparecer en la vida de Jim-woo, y reconquistarlo. No que éste haya perdido el interés por ella antes de la cirugía, resulta nada más que es una obsesión de Seh-haa.
En principio la premisa suena inverosímil y extremista, pero no es más que una excusa para tratar un tema tan actual y delicado como es el caso. En Japón y Corea cientos de mujeres mueren cada año a causa de una intervención de este tipo demostrando no solo una actual obsesión por la (supuesta) estética sino una superficialidad extrema a causa de la tan insertada cultura de la imagen.
La película va creciendo en ritmo y se vuelve cada vez más intrigante hasta tomar (a pesar de ciertos toques de humor) un aire de thriller, sin convertirse en esto del todo. Los personajes se van hundiendo lentamente hasta convencer de su locura al espectador, quien no dejará de sorprenderse con el desenlace del film.
La capacidad de Kim Ki-duk de generar una potente poética visual se hace evidente en momentos en que los personajes recorren un parque con grandes esculturas, mirándolas con cierta pasión y envidia y deseando ser como ellas, representando así el deseo ferviente de una cultura posmoderna, con miedo a la muerte, que piensa que a través de la estética puede ocultar su vacío interior y evitar lo inevitable.
Actividades en la Libroferia, última semana; Agenda semanal; Exposiciones habilitadas
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.