23 Noviembre 2008...23:48

Paraguay audiovisual:”Minotauro” en su laberinto

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minotauroEscribe: Sergio Colmán Meixner

Sobre la producción nacional “Minotauro” – 60′ – Dirección: Luis Aguirre

 

 

La fragmentación, el collage, la decostrucción, el rizoma, los algoritmos, son algunos  de los fenómenos posmodernos por excelencia que impregnan el arte contemporáneo. Estos fenómenos están presentes en la literatura de Borges, la arquitectura de Libenskind, el cine de Gondry, más aun en el video-arte, en las instalaciones, el videoclip, la publicidad y demás. Todo esto no es novedad, pero en este nuevo siglo, reforzado por Internet y los videojuegos en red,  más que nunca se siente esta fragmentación del hombre y su pensamiento cada vez más inserto en una hiperrealidad.

“Minotauro” habla de esta fragmentación, ya propuesta desde la primera imagen en la que vemos la reconstrucción  del rostro del protagonista en varias partes, pertenecientes a otro espacio/tiempo, que luego se desconectan, deconstruyendo el rostro, un planteamiento visual que establece ya lo que se contará, y como se contará. 

Así,  “Minotauro” sigue a Jorge Torregrosa quien, haciendo referencia al mito del minotauro, se pierde en su propio laberinto repleto de máscaras e identidades, reflejo de su fragmentación emocional.  Este se debate entre 4 mujeres que esperan o buscan, a su manera, rescatarlo de ese laberinto, en el cual ellas también se están perdiendo. Todo esto reforzado con una metáfora interesante que habla de los colores, como en algún momento el personaje dicta: “toda la luz, al mismo tiempo”…para que luego tome la pantalla un blanco total, algo que habla de la suma de todas las luces del espectro (o colores), proponiendo la perdición del personaje. 

Pero no solo el personaje se pierde en esta fragmentación, sino la narrativa; ésta, aparentemente lineal, se abstrae de los fenómenos clásicos de causalidad, y de no ser el caso de algunos que otros momentos correlativos, cada escena es como un aforismo, así como los diálogos de los personajes. Esta opción narrativa colabora con el problema de identidad del protagonista, que también  es reforzado por la irregular fotografía. 

Optando por todas las texturas ofrecidas por una fotografía hecha en minidv y Hi8, y los recursos de edición digital, el guionista y director Luis Aguirre mueve la cámara libremente y ofrece un collage con estas diferentes texturas, proponiendo paisajes urbanos como postales, y planos interesantes por su ángulo y composición, que aportan un vistoso catálogo visual y que, por momentos, refuerzan la historia mientras por otros no, dando la impresión de ser gratuitos o efectos de las limitaciones técnicas; como cuando la cámara se mueve de manera exagerada, dando constancia de su presencia, y esto, intencional o no, deja de funcionar por lo mismo y extrae al espectador de la diegesis. 

Se destacan interesantes actuaciones, por lo menos, alejadas de lo teatral. Pero es la excelente musicalización a cargo de Fran Villalba, que acompaña y encaja perfectamente en cada escena, la que gana protagonismo cada vez que le toca. Ya los aspectos técnicos en general son de difícil calificación pues se trata de un experimento técnico/narrativo y no podemos tener absoluta conciencia de las intenciones, pero en general se puede decir que están bien.

Con solo 60 minutos de duración y muchas ideas, uno de los problemas de “Minotauro” son los diálogos que, por mas de estar dotados de contenido, no suenan verosímiles así como la construcción de los personajes y generan, así como la narrativa por momentos, distancia con el espectador común, que busca verse identificado en la pantalla y que, además, no está tan familiarizado con el lenguaje audiovisual propuesto, alejado de lo clásico y reflejo de una absoluta libertad creativa que tenemos en nuestro medio, pero que a veces, contradictoriamente, no favorece a la formación de un público para nuestro audiovisual, ya que al optar por un cine con tintes de autor, o inclinado a lo experimental, se tiende a limitar el grupo de espectadores.  

“Minotauro” funciona como una metáfora del hombre urbano posmoderno, fragmentado y sin identidad, pero se pierde al no lograr involucrar del todo al espectador en el drama propuesto, quien lo verá con distancia. Creo que, tal vez,  hubiese funcionado mejor como un gran videoclip, ya que sus imágenes son más que suficientes para contar esa historia. 

“Minotauro” constituye un aporte más al audiovisual nacional y un aprendizaje de su autor, quien nos demuestra que con una video cámara casera minidv, creatividad y muchas ganas, ya podemos contar nuestras historias, lo que sirve de cierta inspiración a nuestros realizadores y eso es siempre bienvenido.

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